Son las 9:00. El conductor escribe «ya he salido» y el envío figura en ruta. A las 10:00 se detiene: para a comer o se queda sin cobertura, y no avisa. A las 13:00 vuelve a moverse. Nadie en la oficina se ha enterado. No es descuido: el equipo de tráfico tiene treinta envíos más y pregunta por los que puede.
Ruta, nuestro agente de WhatsApp, pregunta por ti y resuelve buena parte de eso. Pero antes de que escriba al primer conductor hay que decidir cómo va a trabajar. Para eso usamos lo que llamamos túnel de viento.
Una regla de seguimiento es una decisión, no un ajuste
Ruta trabaja por etapas. En cada una hay tres preguntas: cuánto esperar sin noticias antes de preguntar al conductor, cuántas veces volver a preguntar y a quién avisar si no contesta. Con esperas largas, el equipo se entera tarde. Con esperas cortas, se molesta a conductores que van conduciendo y llegan avisos que no hacían falta.
Cada operación tiene su punto. No es el mismo para un tránsito largo que para una descarga, ni para un equipo que trabaja de noche que para uno que cierra a las nueve.
¿Dónde está el viento?
El nombre viene de la planificación por escenarios: en inglés se llama «wind tunnelling» a someter una estrategia a escenarios difíciles para ver si aguanta. Los escenarios son el viento y la estrategia, el prototipo. Igual que en la Fórmula 1, donde cada pieza pasa por el túnel antes de salir a pista.
En nuestro caso, el prototipo son las reglas de seguimiento y el viento son los casos difíciles: el conductor que no contesta, el que solo dice «ok», la noche sin respuesta.
Qué hacemos en el túnel
Ponemos la lógica de Ruta a prueba en un día simulado. Hay conductores con distintos hábitos: el puntual, el que conduce y tarda en contestar, el que solo dice «ok», el que dice «ya casi llego» y el que no contesta. Y hay algo que Ruta no ve: lo que pasa de verdad con el camión. Así medimos cuánto tarda alguien del equipo en enterarse y cuántos avisos recibe por el camino, sin escribir a nadie de verdad.
Cambiamos una sola regla, repetimos el mismo día y vemos qué se mueve. Las reglas quedan por escrito, con versión.
Lo que enseñó un caso
Simulamos dos veces el día del principio: un conductor deja de contestar y el camión se detiene de 10:00 a 13:00. Con reglas genéricas (preguntar tras dos horas y media sin noticias y avisar a la oficina solo después de dos intentos sin respuesta), el primer aviso a una persona llegó a las 16:45, casi cuatro horas después de que el camión volviera a moverse. Con reglas ajustadas (preguntar tras 90 minutos y avisar a la oficina si el conductor no contesta a ese primer mensaje), el aviso llegó a las 12:10, con el camión todavía parado, y la oficina recibió el mismo número de avisos en el día.
Y una sorpresa: con un conductor que contesta «ok» a todo, acortar las esperas apenas adelantó el aviso: 4 minutos. Cada «ok» contaba como respuesta, y el aviso salió cuando venció la hora estimada de llegada. La pregunta de fondo no es técnica: ¿qué cuenta como noticia en tu operación? Esa decisión es de quien opera, y se toma antes de activar nada.
Simulación con datos de demostración y conductores simulados, una corrida por variante.
La IA también se prueba
Cuando el conductor no decía a qué hora llegaba, la IA apuntaba igualmente una hora de llegada que nadie había dicho: 16 de 18 veces. Lo cortamos con una comprobación en el código: si la hora no está escrita en el mensaje, no se guarda. Después, 0 de 18.
Pruebas con frases de ejemplo y un solo modelo de IA; muestra pequeña.
Cómo empezamos con un equipo
Primero, una llamada de 20 minutos para entender tu operación. Si tiene sentido, lo ensayamos con casos de ejemplo del sector; tus casos reales entran solo cuando firmamos un acuerdo de datos. Ruta sigue evolucionando y toma el input de quienes operan para definir cómo trabaja.